E.L. (Spin-Off) 2.0

Hay historias que no tienen nunca punto y aparte (otra vez)...

maletaPienso, pienso en lo que decía cuando hablaba y cuando callabas, cuando aguantarte la mirada se convertía en una epopeya predecible, pienso en qué sentido te arrancaría para que igualaras el deseo de tener lo que yo ahora no tengo, de sentirte mudo y desear mi voz o de ser un ciego que no ve más allá de lo que ve mi cerebro. Pienso, pienso en esos días en que los amaneceres se podían contar en las arrugas de tus párpados, en que los cielos oscuros de tormenta no eran más que sucesos fuera de nuestras ventanas, en que enterrábamos trincheras de guerras ya pasadas, en que tendíamos nuestra piel a secar y nos poníamos otra recién comprada.

 

He dejado de pensar, de pensar en las cartas que te enviaba sin remitente sintiéndome un aventurero, he dejado de pensar en tus ojos al descubrir que no me gustaba el café, al descubrir que no sabía leer un mapa o al oírme cantar canciones que no eran acordes a mi edad. He dejado, dejado de descubrir rincones verdes dentro de parques negros, de farolas especiales en calles desiertas o de puntos cardinales que nunca apuntan al norte.

 

He dejado de olvidar lo que nunca debió ser un recuerdo, de sentarme en sillas que no son seguras pero que me sostienen, de cubrir con metacrilato los precios de mis decisiones o de guardar tu pijama bajo la almohada.

 

Cojo las maletas y pienso, pienso en que no es tan mala idea sonreír. Suspiro hondo hasta que el aire duele y abro la puerta titubeando, pensando en que ya no hay cenizas de fénix, en que las musarañas han decidido esconderse para que no las encuentre. Miro atrás y sonrío. La garganta se anuda destruyendo mis cimientos. Doy un paso al frente y se cierra sin compasión. Vuelvo a coger aire y camino decidido mientras palpita el corazón en mi cabeza.  Pienso, pienso en lo que éramos juntos y en lo que ya no seremos. Comienzo el viaje dejándote atrás mientras das puñetazos en muros de cal viva. He dejado, dejado de pensar en ti, de pensar en mi, Infancia.

guerraCuántas guerras habremos librado creyendo que teníamos la razón que nos excusaba para hacer daño a los demás. Curioso es el Hombre creyéndose con la virtud y la justicia divina de hacer y deshacer acoplándose en el cómodo sofá de lo supuestamente correcto. Cuántas armaduras de piel habrán sido rotas por falsos comandos amigos. Y cuantas guerras se habrán librado sin armas, sin fuegos o sin bombas. Qué duras esas guerras que comienzan una mañana, cuando el Cielo olvida amanecer, y un aire de tormenta se niega a darte los buenos días o a despertarte con un café.

Cuántas veces habremos mirado a los ojos sabiendo que esa no es tu trinchera y que estás ahí sólo por miedo a ser tú el atacado. Y cuántas veces habremos desafiado a la brújula negándole su norte. Cuántas veces la guerra comienza dentro de uno mismo luchando con ese nudo en la garganta que no deja respirar.

Hoy he comenzado mi guerra.

Mi armadura sigue presente, aun tengo sobre mi cuerpo moratones de batallas pasadas, y curiosas maneras de ser que me han llevado a abrir fuego sin pensar en civiles que no merecen morir. Civiles que nerviosos, temblando, con miedo de rozarme una mano tartamudean varias veces evitando mi cara para armarse de valor y decir que no pueden esperar más tiempo para hacer uso de la declaración universal de los derechos del corazón. Dos palabras, una mirada fugaz a mi cara, que se intercala con la contemplación del propio reflejo sobre el parabrisas del coche; abres fuego, luego otra vez mi cara, y por último silencio. Locuaz silencio, el primer sonido de una bomba cayendo del aire.

Hoy ha comenzado mi guerra; y hoy por fin, me dejaré vencer.

 

vista-della-strada-dalla-Dame una razón, sólo una razón por la que no deba cruzar esa puerta. –Me dice mirándome a los ojos, puedo ver como le tiemblan las manos y como trata de ocultarlas hundiéndolas en sus bolsillos. Da unos pasos atrás sin apartar la mirada de mi, se apoya en la pared e intenta hablar, pero le tiembla tanto la voz que necesita tragar varias veces saliva para emitir algún sonido. –… Una, sólo una.

Me levanto del borde de la cama dónde estoy sentado, el viejo colchón cruje al verse libre de mi peso. Me acerco e intento acariciarle la cara, pero esquiva mi mano con un giro brusco de la cabeza.  Me empuja e intenta mirarme con rabia.

–No intentes tocarme. –Me dice frunciendo el ceño. Noto que quiere llorar, pero que se está conteniendo.  -Olvídalo, no vas a verme llorar. Te lo juro, llorar es de cobardes.

-No quiero que te vayas. –Digo susurrando. Tengo tan seca la garganta que el aire parece cuchillas. En la calle se oye un grupo de niños coreando un villancico. –Si te vas, no habrá valido la pena todo esto, este tiempo, el reencontrarnos, ¿te das cuenta?. –Le digo, intenta ignorarme, pero le cojo la cara entre las manos para provocar que me escuche atentamente. –¿Te das cuenta?. –Repito. –Nos hemos conocido, ¿crees en el destino?; Y… y nos hemos vuelto a encontrar. No ha sido casualidad, no creo en las casualidades. Una vez hace tres años dejé que te fueras, hoy no voy a permitir que cruces esa puerta; Me he cansado de esperarte, y ahora que estás aquí, no pienso ni quiero volver a echarte de menos cuando te alejes.

-Qué bonito suena todo. –Me espeta mientras se zafa de mis brazos y camina casi dando tumbos por la habitación del hostal.  -¿Y esa es tu razón, el no querer volver a sentir cómo me echas de menos?.

-¿Mi razón?… –Cojo aire mirando al techo. -En todo este tiempo he conocido mucha gente… –Tartamudeo apoyándome en la ventana, el cristal frío entumece mi espalda.

-Gracias, es una información que me resulta muy útil. –Ironiza. –Si quieres ahora puedes decirme que marca de preservativos usabas y sólo entonces podré decir, ¡para qué Gardel, si tú eres el colmo del romanticismo!. ¡Qué me da igual tío, me da igual! –Es la primera vez que eleva la voz desde que nos conocimos. –Venir aquí ha sido un error. Me voy. –Abre la puerta para salir y yo me apuro a impedirlo aferrándome a su brazo.

-En todo este tiempo he conocido mucha gente. –Repito clavándole la mirada intencionadamente. –Y nadie. Ninguna de esas personas… eras tú.

Y fue entonces cuando me demostró, por primera vez desde el día en que nos conocimos, que llorar no sólo lo hacen los cobardes.

20060817172857-carretera-lluvia Y ahora empieza a llover de nuevo. Otoño otra vez. Y yo sigo aquí, dónde sino. Sentado en esta acera, mirando los coches pasar, esperando que uno de ellos sea el tuyo, que decida venir a por mi otra vez. La lluvia moja mi pelo, empapa mi ropa, y peso tanto que tengo miedo al ponerme de pie por si mis piernas no van a aguantar el peso de mi sangre, que corre furiosa arrastrándose por las venas hasta mi cabeza.

Me apetece reprocharte, reprocharte que esté pasando frío por dejarme aquí esperando, de la rutina y de obligarme a conservar los recuerdos que quise eliminar de una puñalada. Quiero culparte de tenerme aquí empapándome, de que la lluvia no me deje oír ni mis propios pensamientos y de que me esté cegando impidiéndome casi parpadear. Sólo pienso en jurar que voy a vengarme por permitir que no sea capaz de parar otro coche y subirme. Pero tienes razón, nadie me obliga a estar sentado aquí; que los cuentos de hadas sólo empiezan a ser felices cuando lees las últimas dos páginas.

A lo lejos se oyen los truenos, pronto los rayos van a iluminar esta noche que está empezando a rodearme; Pienso en todo aquello, lo valiente que fui al conocerte, y lo cobarde que soy ahora para asumirte. Mira, ahí pasa tu coche. ¿Me verás?, lo dudo. Claro, cómo vas a ver, si la cortina de lluvia cada vez es más espesa. No frenas ni para coger la curva. Ahí te vas, y yo me quedo aquí, sentado en esta acera, viendo las luces rojas alejándose y esperando que tu coche vuelva a pasar y que quizá sea esa vez, la vez que gires la cabeza y me veas sentado. Sentado esperándote. 

Hoy me he despertado soñándote. Empapado y pegajoso el sudor frío corría por mi pecho. Hoy me he despertado soñándote, y hacía tanto que no me acordaba de ti que hasta yo mismo me he sorprendido. Es curioso como se pasa de celebrar la fecha del aniversario a celebrar la fecha de la ruptura. ¿Qué estás haciendo ahora?; prefiero no pensar en si te acuerdas de mi porque no quiero asfixiarme. Me ducho, me visto y me voy a trabajar, mientras conduzco, cada canción que oigo parece que habla de nosotros. ¿cuánto tiempo ha pasado?, ¿me habré cruzado alguna vez contigo y no me habré dado cuenta?, destino caprichoso, me repito, que hizo que nos conociéramos un día y que ahora no sepamos nada el uno del otro. ¿Te habrás ido de la ciudad?, no sé, siempre hablaste de que querías hacerlo. Es curioso como hasta hace poco no podía pasar un día sin oír tu voz en el teléfono y ahora tanto tiempo después ni siquiera recuerde como suena.
Hoy he te echado de menos, por primera vez en mucho tiempo y posiblemente no lo vuelva a hacer durante aun mucho más; pero hoy no puedo dejar de pensar en ti, y de recordar cuando nos conocimos, la primera cita, el primer extraño e incómodo beso, la primera pelea y el primer y único adiós. ¿tú te acuerdas de mi?
¿Estarás saliendo con alguien?, seguramente sí, la gente como tú no merece estar sola, debes hacer que alguien te haga feliz.
Hoy he recordado mientras trabajaba en mi ordenador cuantas veces hablé contigo por Internet, hoy he recordado mientras hacía deporte en el gimnasio, las veces que paseamos haciéndonos compañía, y hoy recuerdo, mientras escribo esto, la última frase que te dije, y que me reservaré porque tengo la sensación de que si la digo en alto pueda perderla.Hoy me he acordado, después de mucho tiempo, de ti. Y sé que ahora me dormiré y mañana desaparecerás, pero hoy, sólo hoy, he pensado en ti, y hoy, te he echado de menos.

brujula-0Querido Doctor:

Su terapia sobre la tristeza creo que es inútil, por más que escribo, una y otra vez, no encuentro esa supuesta luz que usted ha jurado y perjurado que encontraría tras ese metafórico túnel al que, con una cierta sonrisa (sabedora de los sesenta euros más en su cuenta tras mi marcha pasada la hora) no para de referirse una y otra vez para calmar, lo que usted cree que son ataques de ansiedad.

No le creo, sinceramente pienso que todo esto son patrañas; y le voy a argumentar por qué. Hace unos meses acudí a usted con la vida en la palma de mi mano, tendida en un hilo casi de papel mojado, quebrándose casi con cada paso, y le entregué ese papel, para que usted intentara sujetarlo porque yo no era capaz. Y al principio me sentía bien, contarle mis problemas me ayudaba, aunque más que contárselos, me ayudaba que usted los oyera (prefería ignorar el asunto de que quizá los escuchaba con tanto interés por su vocación profesional, más que amistosa). Pero un día, curiosamente de tormenta, todo cambió. Me dirigía a su consulta y un coche estuvo a punto de atropellarme al cruzar la calle, pues iba tan despistado pensando en qué iba a contarle ese día que me olvidé de, fíjese usted, mirar para los dos lados, algo tan básico que hasta un perro lo hace.

No me pasó nada, pero la conocí, y no se hace una idea de lo guapa que es. Ella me enseñó que no hay abismos suficiente grandes, sino saltos demasiado pequeños, que es más divertido caminar por la calle si a tu lado va alguien que te coge de la mano, que si meto la pata comprándome una camiseta dos tallas más grande asegurándole a la dependienta que me quedaba bien, será ella quién vaya al día siguiente a cambiarla por mi porque me da vergüenza, que un café delante de ella es una aventura que empieza a las cuatro de la tarde… ¿Y sabe qué doctor?, Esta es una carta de despedida, por dos sencillas razones: La primera porque ya no le necesito, usted no es ella, y la segunda que la tristeza sólo se supera si se rompe, no si se salta, porque un libro acaba cuando uno lee la última página, no cuando se cierra de un golpe.

Gracias por todo doctor, pero espero que entienda que ahora prefiero ahorrar los sesenta euros de su consulta. ¿No se ha planteado dejarse de tanto túnel y recomendarle a sus pacientes que paseen una tarde de tormenta?

Atentamente,

mano Siempre he pensado que no iba conmigo eso de venerar a un Dios. Desde pequeño he confiado en que no me hacía falta creer en un ser superior para paliar mi sentido de culpabilidad e incluso de inferioridad ante lo grande que es el mundo, siempre pensé que sería capaz de encontrar las respuestas a preguntas incómodas por mi mismo sin necesidad de confiar en que han sido puestas ahí, en mi camino, de una manera divina. A pesar de ser de letras, confiaba en la parte científica de la vida. Para mi todo tenía una explicación, el cuerpo era lo que es y más allá de allí aquí no había nada de lo que preocuparse. Antes era sencillo, pero antes no te conocía. ¿Es azar lo que hace que te tropieces con alguien?; Muchos dicen que lo que somos es causa de lo que hemos vivido, que cada uno de nuestros actos te hace avanzar de casilla, como cualquier ficha de Monopoly y que digamos que nuestro pasado es el número exacto que marca el dado para que te muevas sobre el tablero.

Dios creó el mundo, o eso dicen, y es quien mueve los hilos de Pinochos que desean ser niños otra vez; También nos cuentan que es quien puso en nosotros lo que nos diferencia del resto de animales; en otro momento hubiera pensado que sería la inteligencia-suprema-humana, pero hoy por hoy tengo claro que aquellos que nos contaron esa historia se referían a los sentimientos. Es curioso cuando por un extraño efecto dominó, tu vida empieza a llenarse de ciertas casualidades que te recuerdan a alguien que también, de manera constante no para de palpitar en tu cabeza,un nombre, una canción, todo se repite para evocarla. Y es por eso que hoy llevo todo el día dándole vueltas a una frase que me dijo una anciana vagabunda que buscaba de mi algo de dinero para, según me dijo, darle de comer a su perro que estaba hambriento. “Para saber querer, primero hay que saber superar el dolor que eso supone”. Esa mujer es mi Dios.

Estoy seguro que se cruzó en mi camino para abrirme los ojos, para hacerme pensar en esa frase y no confiar en las casualidades, para empezar a creer que cada cosa ocurre por una razón, para enseñarme a ser valiente y no esperar que la piscina se llene para lanzarme y para, hoy por hoy saber que Dios existe, pero que no está en el cielo, que está aquí, en la Tierra.

Creado por...

Espectadores

Audiencia


Contador web