Retrospectivas

20060817172857-carretera-lluvia Y ahora empieza a llover de nuevo. Otoño otra vez. Y yo sigo aquí, dónde sino. Sentado en esta acera, mirando los coches pasar, esperando que uno de ellos sea el tuyo, que decida venir a por mi otra vez. La lluvia moja mi pelo, empapa mi ropa, y peso tanto que tengo miedo al ponerme de pie por si mis piernas no van a aguantar el peso de mi sangre, que corre furiosa arrastrándose por las venas hasta mi cabeza.

Me apetece reprocharte, reprocharte que esté pasando frío por dejarme aquí esperando, de la rutina y de obligarme a conservar los recuerdos que quise eliminar de una puñalada. Quiero culparte de tenerme aquí empapándome, de que la lluvia no me deje oír ni mis propios pensamientos y de que me esté cegando impidiéndome casi parpadear. Sólo pienso en jurar que voy a vengarme por permitir que no sea capaz de parar otro coche y subirme. Pero tienes razón, nadie me obliga a estar sentado aquí; que los cuentos de hadas sólo empiezan a ser felices cuando lees las últimas dos páginas.

A lo lejos se oyen los truenos, pronto los rayos van a iluminar esta noche que está empezando a rodearme; Pienso en todo aquello, lo valiente que fui al conocerte, y lo cobarde que soy ahora para asumirte. Mira, ahí pasa tu coche. ¿Me verás?, lo dudo. Claro, cómo vas a ver, si la cortina de lluvia cada vez es más espesa. No frenas ni para coger la curva. Ahí te vas, y yo me quedo aquí, sentado en esta acera, viendo las luces rojas alejándose y esperando que tu coche vuelva a pasar y que quizá sea esa vez, la vez que gires la cabeza y me veas sentado. Sentado esperándote. 

12/10/09

Hoy...

Hoy me he despertado soñándote. Empapado y pegajoso el sudor frío corría por mi pecho. Hoy me he despertado soñándote, y hacía tanto que no me acordaba de ti que hasta yo mismo me he sorprendido. Es curioso como se pasa de celebrar la fecha del aniversario a celebrar la fecha de la ruptura. ¿Qué estás haciendo ahora?; prefiero no pensar en si te acuerdas de mi porque no quiero asfixiarme. Me ducho, me visto y me voy a trabajar, mientras conduzco, cada canción que oigo parece que habla de nosotros. ¿cuánto tiempo ha pasado?, ¿me habré cruzado alguna vez contigo y no me habré dado cuenta?, destino caprichoso, me repito, que hizo que nos conociéramos un día y que ahora no sepamos nada el uno del otro. ¿Te habrás ido de la ciudad?, no sé, siempre hablaste de que querías hacerlo. Es curioso como hasta hace poco no podía pasar un día sin oír tu voz en el teléfono y ahora tanto tiempo después ni siquiera recuerde como suena.
Hoy he te echado de menos, por primera vez en mucho tiempo y posiblemente no lo vuelva a hacer durante aun mucho más; pero hoy no puedo dejar de pensar en ti, y de recordar cuando nos conocimos, la primera cita, el primer extraño e incómodo beso, la primera pelea y el primer y único adiós. ¿tú te acuerdas de mi?
¿Estarás saliendo con alguien?, seguramente sí, la gente como tú no merece estar sola, debes hacer que alguien te haga feliz.
Hoy he recordado mientras trabajaba en mi ordenador cuantas veces hablé contigo por Internet, hoy he recordado mientras hacía deporte en el gimnasio, las veces que paseamos haciéndonos compañía, y hoy recuerdo, mientras escribo esto, la última frase que te dije, y que me reservaré porque tengo la sensación de que si la digo en alto pueda perderla.Hoy me he acordado, después de mucho tiempo, de ti. Y sé que ahora me dormiré y mañana desaparecerás, pero hoy, sólo hoy, he pensado en ti, y hoy, te he echado de menos.

23/06/09

La luz

brujula-0Querido Doctor:

Su terapia sobre la tristeza creo que es inútil, por más que escribo, una y otra vez, no encuentro esa supuesta luz que usted ha jurado y perjurado que encontraría tras ese metafórico túnel al que, con una cierta sonrisa (sabedora de los sesenta euros más en su cuenta tras mi marcha pasada la hora) no para de referirse una y otra vez para calmar, lo que usted cree que son ataques de ansiedad.

No le creo, sinceramente pienso que todo esto son patrañas; y le voy a argumentar por qué. Hace unos meses acudí a usted con la vida en la palma de mi mano, tendida en un hilo casi de papel mojado, quebrándose casi con cada paso, y le entregué ese papel, para que usted intentara sujetarlo porque yo no era capaz. Y al principio me sentía bien, contarle mis problemas me ayudaba, aunque más que contárselos, me ayudaba que usted los oyera (prefería ignorar el asunto de que quizá los escuchaba con tanto interés por su vocación profesional, más que amistosa). Pero un día, curiosamente de tormenta, todo cambió. Me dirigía a su consulta y un coche estuvo a punto de atropellarme al cruzar la calle, pues iba tan despistado pensando en qué iba a contarle ese día que me olvidé de, fíjese usted, mirar para los dos lados, algo tan básico que hasta un perro lo hace.

No me pasó nada, pero la conocí, y no se hace una idea de lo guapa que es. Ella me enseñó que no hay abismos suficiente grandes, sino saltos demasiado pequeños, que es más divertido caminar por la calle si a tu lado va alguien que te coge de la mano, que si meto la pata comprándome una camiseta dos tallas más grande asegurándole a la dependienta que me quedaba bien, será ella quién vaya al día siguiente a cambiarla por mi porque me da vergüenza, que un café delante de ella es una aventura que empieza a las cuatro de la tarde… ¿Y sabe qué doctor?, Esta es una carta de despedida, por dos sencillas razones: La primera porque ya no le necesito, usted no es ella, y la segunda que la tristeza sólo se supera si se rompe, no si se salta, porque un libro acaba cuando uno lee la última página, no cuando se cierra de un golpe.

Gracias por todo doctor, pero espero que entienda que ahora prefiero ahorrar los sesenta euros de su consulta. ¿No se ha planteado dejarse de tanto túnel y recomendarle a sus pacientes que paseen una tarde de tormenta?

Atentamente,

29/03/09

Aquí, en La Tierra

mano Siempre he pensado que no iba conmigo eso de venerar a un Dios. Desde pequeño he confiado en que no me hacía falta creer en un ser superior para paliar mi sentido de culpabilidad e incluso de inferioridad ante lo grande que es el mundo, siempre pensé que sería capaz de encontrar las respuestas a preguntas incómodas por mi mismo sin necesidad de confiar en que han sido puestas ahí, en mi camino, de una manera divina. A pesar de ser de letras, confiaba en la parte científica de la vida. Para mi todo tenía una explicación, el cuerpo era lo que es y más allá de allí aquí no había nada de lo que preocuparse. Antes era sencillo, pero antes no te conocía. ¿Es azar lo que hace que te tropieces con alguien?; Muchos dicen que lo que somos es causa de lo que hemos vivido, que cada uno de nuestros actos te hace avanzar de casilla, como cualquier ficha de Monopoly y que digamos que nuestro pasado es el número exacto que marca el dado para que te muevas sobre el tablero.

Dios creó el mundo, o eso dicen, y es quien mueve los hilos de Pinochos que desean ser niños otra vez; También nos cuentan que es quien puso en nosotros lo que nos diferencia del resto de animales; en otro momento hubiera pensado que sería la inteligencia-suprema-humana, pero hoy por hoy tengo claro que aquellos que nos contaron esa historia se referían a los sentimientos. Es curioso cuando por un extraño efecto dominó, tu vida empieza a llenarse de ciertas casualidades que te recuerdan a alguien que también, de manera constante no para de palpitar en tu cabeza,un nombre, una canción, todo se repite para evocarla. Y es por eso que hoy llevo todo el día dándole vueltas a una frase que me dijo una anciana vagabunda que buscaba de mi algo de dinero para, según me dijo, darle de comer a su perro que estaba hambriento. “Para saber querer, primero hay que saber superar el dolor que eso supone”. Esa mujer es mi Dios.

Estoy seguro que se cruzó en mi camino para abrirme los ojos, para hacerme pensar en esa frase y no confiar en las casualidades, para empezar a creer que cada cosa ocurre por una razón, para enseñarme a ser valiente y no esperar que la piscina se llene para lanzarme y para, hoy por hoy saber que Dios existe, pero que no está en el cielo, que está aquí, en la Tierra.

17/03/09

Cuestión de suerte

el_faro_del_acantilado-1024x768-602335 Hay veces que es mejor no utilizar excusas. No hay razones, ni sentimientos contrapuestos, ni tartamudeos, ni palabras más altas que otras. Hay veces que no hay fuegos artificiales, caricias que erizan la piel, besos robados, hormigas mariposas en el estómago, nervios, balbuceos y sudores fríos. Hay veces que no hay miradas indiscretas, roces que parecen inesperados pero que no lo son, llantos inexplicables, canciones románticas que parecen que hablan de ti, o perfumes que recuerdan a curiosamente, la misma persona. Hay veces que no hay primeras veces, cenas románticas, duchas calientes para dos, casas llenas de velas, campos de césped donde ver las estrellas en una noche limpia, o lluvia perfecta para meterse debajo y abrazarse. Hay veces que no hay llamadas de teléfono inesperadas que alteran tu pulso, que te cabrean cuando no llegan, que destruyen tu mente si malinterpretas palabras o que derriban tus muros si no se despiden con un gesto de cariño. Hay más veces que no imaginas pasar el resto de tus días con una persona, que no te ves creando una familia, que no te ves teniéndola como tu compañía constante en el cine, tomando un café, almorzando con unos amigos o haciéndole carantoñas cuando está enferma. Hay aún más veces que crees que no te falta el aire si esa persona se retrasa y no te coge el teléfono, que respiras aliviado cuando la ves acercarse a lo lejos sonriendo y pidiéndote perdón con las manos, hay veces que dejas de sentir placer cuando ves a esa persona desnuda, cuando te toca y cuando la tocas, cuando la hueles y más allá de su perfume hueles su piel, cuando haces el amor y al terminar intentas disimular tus ganas de llorar por lo feliz que eres; Hay veces que todo eso no sucede, hay veces, veces que no llegas a enamorarte. Pero por suerte, también hay veces que esto ocurre todo los días.

02/03/09

Epílogo

ANGEL Tarde, demasiado tarde para volver a pensar en que se está a tiempo de una segunda oportunidad y de recuperar aquello que una vez pareció que era tiempo de sol. Tarde, pienso mientras la televisión de fondo me regala su molesto e incesante zumbido, sin ton ni son. Como mi cerebro. Mi mente. Mi pensamiento. Aquello que un día fuimos y ahora tristemente son cenizas oscuras, no grises, negras, tan negras que se funden con esta noche, el suelo, el asfalto está tristemente mojado, no ha parado de llover, de hacer viento, de arrastrar las cenizas. Tocas en mi puerta y me miras cabizbaja, con miedo, sin ganas de enfrentarte a mi mirada. Llueve, te mojas, pero no te mueves. Mi voz interior te grita que me mires, pero no me oyes. ¿Qué vas a hacer ahora?, me preguntas y yo sonrío entre dientes, sin ganas, pero sólo tengo ganas de demostrar que soy superior a aquello que dejaste a mis pies. No puedes cambiar mi vida en cinco segundos, como te venga en gana, apareciendo y desapareciendo. No puedes, es tarde, te digo, es tan tarde que ni siquiera recuerdo por qué te fuiste. Miedo, me dices, no te atrevías a enfrentarte a aquello que te hacía despertar palpitando por las mañanas. Te atreves a mantenerme la mirada. ¿Cómo te atreves a eso?, he jurado que te olvidaría y lo he conseguido. Pero tocas a mi puerta y yo, sin querer, la abro y te encuentro al otro lado. Tengo la boca seca, no sé que decir.¿Te dejo pasar?, no. No entrarás. Has salido y no quiero que entres. ¿Perdón?, ¿quieres perdón?. Lo tienes, dártelo es romper lo último que me ata a ti. Te quiero, claro que te quiero. Pero con quererte no basta. Vete. Vete. Vete. Es tarde. Demasiado tarde… para entrar.

01/02/09

El Cruce (2)

centro_comercial_oporto Lo mismo que lleva a alguien a tirarse de un precipicio, es lo mismo que hace que otra persona mire el precipicio y decida sentarse en su borde a contemplar el paisaje. Unas personas son valientes, otras son cobardes y otras, simplemente son. No se pueden buscar las famosas cinco patas al gato cuando el gato, pobre gato, tiene solo cuatro.

En vísperas de Reyes, los humanos, como hormigas buscando llenar la despensa, corren de un lado a otro, empujones, carritos de supermercado que destrozan las canillas de quien pillen, muñecas Barbies, Bratz, LinseyLohanes, ParisHiltons varias, despluman las cuentas de aquellos que hace unas horas se lamentaban de la crisis tomando un café con el amigo de turno (que curiosamente siempre tiene un sueldo más elevado y cree que la crisis está inventada por el gobierno para despedir gente).

Miles de cabalgatas repartidas por los pueblos y ciudades que anuncian la llegada de Los Reyes Magos del Lejano Oriente (menos mal que vienen en camellos, llegan a venir en pateras y son repatriados tal cual besan la costa), niños ilusionados… y caramelos por doquier. Y sin más, tras papeles de regalo de Homer Simpson y Las Supernenas poblando los basureros municipales, la Navidad dice adiós.

Pero el destino es curioso y puñetero; Hace unas semanas le grité a una chica en la calle que la cuidaría y ella se alejó, y basta que yo tenga las manos llenas de slips horrendos, con dibujos de cochitos y vaquitas en este supermercado híper poblado, para encontrármela de frente.

-Hola. –Me dice, demostrándome que se acuerda de mi y subiéndome el ego por ello.

-Hola. –Respondo educadamente y soltando lanzando la ropa interior lo más rápido que pude a su cajón expositor. –Mmm… eran para mi padre. –Me excuso tontamente.

-Me parece bien, es bueno regalar.

-¿Tú regalas? –Me siento estúpido y estoy paralizado.

-Sí. Por eso estoy aquí. –Se queda un rato callada mirándome fijamente a la cara, por un momento creo que se va a lanzar a darme un beso. –Tu cara me suena… –Me quedo sin beso.

-Debe ser… que tengo una cara común. –Ahora es cuando ella debe decirme, no, qué va, si eres guapo, no eres del montón.

-Sí, debe ser eso. –Me responde y yo la odio. –Oye… ¿Puedes apartarte? Quería mirar eso y me lo estás tapando. –Señala al estante de las medias de señora.

Yo me aparto notando que los colores me suben, pero sigo mirándola. Noto que ella está algo nerviosa mirándome de reojo de tanto en tanto mientras analiza la suave prenda femenina. Pasados unos minutos me mira algo desconfiada, me sonríe y se aleja por el pasillo. Yo, entendedor de las señales ligoteianas entiendo que lo que quiere ella es que la siga, así que le doy unos segundos de ventaja y luego me lanzo al pasillo a buscarla entre la multitud.

Maldita la hora en que la encontré, iba de mano de otra persona… de otra chica.

Me vuelvo a mis slips de dibujitos, ellos no creen en los milagros.

05/01/09

Banda Sonora


Get a playlist! Standalone player Get Ringtones
 
E.L. (Spin-Off) - Wordpress Themes is proudly powered by WordPress and themed by Mukkamu Templates Novo Blogger