E.L. (Spin-Off) 2.0

Hay historias que no tienen nunca punto y aparte (otra vez)...

Los meses pasan y la nueva temporada ha empezado, y la sensación de que el verano sigue arrastrándome se hace cada vez más fuerte. Me he acostumbrado a la monotonía del estudio y el cambio que estoy sufriendo, agradable, hambriento y sediento me está dejando exhausto, pero supongo que si te subes a la noria, hay que esperar a que llegue al suelo para bajarse.
Actualizo por el mero hecho de actualizar, así que tras un periodo de barbecho audiovisual, mejor sigo tirando de los buenos y socorridos escritos del pasado para no dejar morir este blog.
Clara muestra de la pérdida de significado de las palabras con el paso de los años:


¿Eres Feliz?

Hoy me has preguntado el por qué tan sólo escribo cosas tristes, por qué no me animo y trato de mandar a concurso mi alma desnuda disfrazada de comedia, me has alabado cada palabra pero, sentada en la cama de mi habitación donde seis meses antes me hiciste el amor desgarrando mi mente, confiesas que me odias por hacerte llorar con cada cosa mía que lees. Me has dicho que te alegrabas de ser mi amiga, que bendecías cada año desde que nos conocíamos porque te había cambiado la vida. Con la sonrisa a medias he bajado la mirada para no cruzar en el camino tus ojos, he negado con la cabeza y he dicho que sólo yo puedo estar agradecido. Por esta amistad.
Cinco metros separan el aire que entra en nuestros cuerpos, pero soy incapaz de descifrar la distancia mental que separa lo que un día pudo unirnos. O quizá lo que yo creí que nos uniría.
Me hablas y no te escucho. Confieso que preguntar como te ha ido en estos últimos cuatro meses ha sido tan sólo una excusa para perderme en mis pensamientos, donde siempre te encuentro y donde no hay barreras ni zanjas, donde no hay trincheras porque no se pueden librar guerras. Las hemos ganado todas. El silencio me transporta de nuevo a la realidad, pero me quedo callado, no quiero articular palabra, te miro de reojo, estoy sentado en un sillón justo frente a ti, estás con la mirada clavada en la alfombra que simula el lago central que nos separa. Ves que te miro, elevas la mirada, pero disimulo. De fondo sólo se oye el zumbido del silencio.
Susurras algo, pero cuando pido que lo repitas, niegas con la cabeza. Me siento inútil y torpe.
-¿Eres feliz?. –Te pregunto con un coágulo de aire que quema mi garganta.
-Él me trata bien. –Dices recordándome mis carencias. –Es muy bueno conmigo.
Vuelve el incansable zumbido que nos recuerda que estamos frente a frente, nosotros dos, los de siempre. Tú y yo. Hace tanto tiempo y tantas oportunidades perdidas, que no recuerdo el momento exacto en que acabó el amor y se transformó en amistad. Hace tantos años y tantas noches en vela que soy incapaz de describir las horas pasadas que han hecho que ahora terminemos como estamos. Una conversación sin palabras, nerviosos, pero amigos. Mi eterna amiga, la amistad que me recuerda que un chico y una chica no pueden ser sólo amigos.
-Eso no responde a mi pregunta. –Vuelvo a pronunciar esta vez tan bajo que mi voz casi parece un susurro.
Me miras, sonríes, bajas la mirada y me respondes.
-Te he echado de menos. –Te tiembla la voz. -¿Puedes darme un abrazo?
Una balada mental empieza a sonar mientras te ayudo a levantarte y te aferro contra mi cuerpo, que está perfectamente adaptado a cada una de tus formas. El tiempo se detiene, ni siquiera respiramos para no dejar de escuchar el silencio. Y en ese momento me arrepiento de haberte alejado de mis brazos tantos años atrás, me arrepiento de haber intentado fundir el olvido a base de fuego vacío, y me arrepiento, tanto, de haberte arrojado sin quererlo a los brazos de quien ahora desvela tus noches. Te aprieto tan fuerte contra mi que aflojo por miedo a impedirte respirar, pero no dices nada, solo sollozas en mi hombro y la cálida timidez de una de tus lágrimas se desliza por mi cuello.
Una sensación de deja vu trae a mi mente esa escena a finales del verano pasado, cuando al enterarte de que me iba a estudiar fuera, viniste a toda prisa a mi casa, y encerrados en mi habitación, donde ahora estamos, me dijiste mirándome fijamente a los ojos, que no imaginabas la vida sin mi, que me necesitabas y que no querías que me fuera. Te abracé, te abracé y me fui tranquilo porque estabas con él y sabía que no estarías sola. Pero no imaginé por tan sólo un instante que una vez lejos de ti, iba a desear ser yo él, ser quien está a tu lado y ser quien te consuela cuando me extrañas. Pero no soy yo, es mi error y ahora lo estoy pagando.
Ahora te separas de mi, disculpándote por llorar como una tonta, incapaz de decir nada; solo asiento con la cabeza, te invito a sentarte de nuevo en la cama, pero el recuerdo de nuestros cuerpos desnudos sobre ella se vuelve tan fuerte que nos ruboriza a ambos, por lo que es entonces cuando decides marcharte.
-Me alegro de que estés aquí. –Me dices tras poner mil excusas diferentes para irte.
-Gracias por venir. –Suelto sin saber qué decir. –Gracias por leer mis cosas. –Digo torpe, sintiéndome luego tonto.
-Gracias a ti por escribirlas.
Dejo de hablar por miedo a que la conversación se vuelva una monótona carrera de agradecimientos. Tan solo puedo pensar en el por qué no te has dado cuenta que lo que he escrito anterior a esto iba dirigido a ti. Pero quizá sea mejor así. No tengo fuerzas para intentar amarte menos si un día, tras volver, decides marcharte y será entonces cuando me dé cuenta que realmente y más que nunca soy incapaz de olvidarte. No quiero quererte más de lo que te quiero ahora, porque ahora puedo vivir tranquilo, desahogándome en relatos que leerás pero que no entenderás como me gustaría, eso me basta, que encuentres en lo que escribo algo que despierte un sentimiento en ti, la tristeza que entre bromas has venido a reprocharme, me alegra tan sólo la idea de que hago que sientas algo, aunque quizá no sea el sentimiento que me gustaría. Pero eso me basta, lo sé, y lo sabes.
Me das dos besos para irte tranquila, en la calle te espera él para recogerte, ya ha tocado varias veces el claxon, está desesperado, quiere verte, quizá poseerte esta noche, dormirá contigo y yo dormiré en esta cama, escribiendo esto, escuchando seguramente la balada que sirvió de banda sonora a nuestro primer beso y muy probablemente con principios de lágrimas aflorando en los ojos. Pero tú no sabrás nunca nada, porque cuando nos veamos otra vez, se repetirá la escena, vendrás a mi, los dos recordaremos lo que un día fuimos y lo que jamás volveremos a ser y cordialmente, tras un abrazo quizá demasiado profundo para una amistad, nos despediremos, tú te irás con él y yo volveré a irme lejos, buscando que una ella intente hacer que te olvide.
-Soy feliz. –Me dices justo antes de abrir la puerta de entrada y encontrarte con él. Te acercas y me besas la mejilla. –Soy feliz porque estás aquí.
Tras esto sales y se cierra la puerta mientras me quedo mirándola fijamente.
Reproduzco la escena mentalmente. Te montarás en el coche, disimularás las lágrimas no vaya que se entere que has estado llorando, le darás un ligero beso y arrancarán de aquí.
Y nunca sabrás que esto va escrito para ti.
Nunca te enterarás que cuatro años no bastan para poder decir que tu amistad no es suficiente.
Y nunca, nunca podré decirte que sólo escribo por ti, para ti y que eres mi musa. Mientras pongo el punto y final, empezaré a pensar en una excusa que justifique este relato para cuando ya lo leas y vengas a mi casa a comentarme lo mucho que te ha gustado, no te diré que es por ti, te diré que son momentos de tristeza, tan sólo eso.
Acaba la balada que nos sirvió de fondo en nuestro beso, la tarareo suavemente mientras me limpio las lágrimas y aprieto la tecla del punto y aparte. Suspiro. Tan sólo es otro final más.

“The smile on your face let's me know that you need me
There's a truth in your eyes saying you'll never leave me
The touch of your hand says you'll catch me if ever I fall
You say it best when you say nothing at all”


3 comentarios:

Bufff que de recuerdos, parece que estuviera en la residencia, viendote llegar desde la ventana, recuerdo la navidad en la que escribiste eso y recuerdo que yo si lo entendí a la perfección porque también me había sentido así, ¿quién nos diría que con el tiempo le daríamos la vuelta a la tortilla? que intentaríamos pescar peces más sinceros... Me encanta como escribes tus palabras siempre despiertan sentimientos en mi alma, no dejes nunca de hacerlo, eso te hace ser quien eres. Te quiero mucho petardo mío

Ana

No puedo decir otra cosa que el refrito de que el tiempo cambia y altera todo, pone cada uno en su sitio y cada cosa en su lugar. Hoy por hoy, ese sitio y ese lugar es lo mejor que pudo haberme pasado. Ver algún comentario tuyo por aqui es respirar bocanadas de aire fresco.
Te quiero aun más yo!

Jolin Edgar..
Leyendo esto me he sentido como cuando ves una pelicula bonita y te metes en la cama, cierras los ojos y sueñas que la vives. Que eres tu la protagonista. Que bonito, de verdad.

¿Eres humano? Empiezo a tener mis dudas...

Sin duda genial!!

Un besote!!

Creado por...

Espectadores

Audiencia


Contador web